Quiénes somos y qué está pasando son las preguntas que la gente se está haciendo hoy.
Esto suena contrario a la lógica de nuestro discurso, que sigue respondiendo a dos preguntas que la mayoría de la gente ya no se hace. Estas preguntas son: qué es el alma y qué es la eternidad.
Por ejemplo, muchos estudios han demostrado que cada vez menos los jóvenes creen en una posteridad o de un cielo.
Quiénes somos.
Basta recorrer la inmensa diversidad de las redes sociales para darse cuenta. La extrema preocupación que tenemos por mostrarnos en la vidriera de posteos, memes y reels demuestra cuánto nos preocupa lo que somos.
No es sólo una obsesión narcisista. Es una búsqueda desesperada de nuestro lugar en una multitud de miles de millones de otros seres humanos.
Qué está pasando.
Es la pregunta del presente, de la actualidad en su sentido más amplio, no solamente de los “acontecimientos actuales”. La mayoría de la gente quiere saber y se informa a través de las redes sociales. Los medios tradicionales ya no son la fuente mayoritaria.
La pregunta es, entonces, “¿qué onda?”
No me malinterpreten. No voy a responder semejantes preguntas en estas líneas. Eso es imposible.
Sólo quiero decir que quiénes somos y qué está pasando son las preguntas que “la llevan”. Porque lo del alma y la eternidad mira hacia un después sobre el cual hay más imágenes que certezas.
Si uno no se hace cargo de la orientación que tienen las preguntas actuales de la gente, puede encontrarse hablando largamente con uno mismo. O con un grupo reducido que comparte esa suerte de distancia con lo que de verdad está pasando.
Por otra parte, cuando ignora qué es lo que pasa y cuáles son los asuntos que es necesario conocer, alguna gente opta por lanzar anatema sobre todo aquello que no comprende. Otros, en el mismo predicamento, se adaptan a los tiempos y se convierten en uno más de tantos recursos para aliviar en algo la existencia.
Algo que suele obstaculizar el proceso de pensar y de seguir haciendo preguntas es la certeza. La certeza se puede convertir en una prisión que es construida por la doctrina, de cualquier naturaleza que ella sea.
Una vez que se abraza, dada su pretensión de verdad total respecto de lo que concierne al mundo y a la vida, difícilmente uno querrá revisar y reformular preguntas y respuestas. Es como si un cierto proceso de endurecimiento progresivo fuera inmovilizando la capacidad de reflexión. La reflexión es esa facultad de curvar y de devolver hacia atrás el pensamiento y confrontarlo con la realidad.
Alguien podría decir que quiénes somos y qué está pasando son simplemente otras maneras de preguntarse sobre el alma y la eternidad.
Dudo que la gente crea eso, pero aún si así fuera, se debería entrar con diligencia en el idioma y en el imperativo de aquellas preguntas. De otro modo, lo más probable es que uno se quede en el puro anuncio, en el cual no hay diálogo ni reflexión.
El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.
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