Es imposible complacer a todos; pero en el afán de evitar discusiones o tener problemas con alguien, hay personas que se empeñan en caerle bien al resto y hacen hasta lo imposible para mantener ese estados con quienes le rodean.
Si bien este comportamiento no parece negativo en un principio, el problema es que, en algún punto, esta persona se pierde a sí misma y desarrolla problemas de autoestima.
Whitney Casares es médico en pediatría de la Universidad de Stanford, y cuenta que durante toda su vida ella se dedicó a complacer a otros; pero se dio cuenta de que esto agravaba su situación personal e interpersonal. De su experiencia, ella identifica algunos signos de este comportamiento y cómo detectarlo a tiempo.
Haces cosas con el fin de complacer a otros, por más que no sea algo que quieras hacer. A menudo olvidas de disfrutar de las actividades porque te preocupa que los demás no lo estén pasando bien.
Casares dice que otra señal es «que te sientes culpable y ansioso con bastante frecuencia. Nunca puedes sentirte tranquilo porque siempre va a haber una persona molesta o un incendio que apagar. Y tienes que ser tú quien lo haga».
El cansancio viene por diversas razones, pero cuando te empeñas en complacer a todos, el cansancio se genera porque te afanas demasiado en las necesidades de los demás; y puesto que siempre habrá algo qué hacer, terminas sintiendo agotamiento al final del día.
Por otra parte, tras pasar tu día atendiendo a otros, es muy probable que te quede poco o nada de tiempo para tus necesidades. Incluso si tienes un espacio para hacerlo, tal vez sientas tanto cansancio que no te quede fuerzas para más.
La gente a tu alrededor sabe que no puedes decir «no», así que aprovecha tu debilidad para pedirte que hagas cosas que no harías por tu propia iniciativa. Si aceptas hacer algo, puede que te pidan más y más; y como no quieres pelear ni decepcionar a nadie, no te quejas y trabajas en silencio.
Como te has acostumbrado a agradar a todos, no tienes una opinión fuerte de tus gustos, intereses o hasta de tu identidad. Es decir, te gusta lo que otros dicen y no buscas contradecirlos porque sería crear pleitos.
Tu falta de identidad hace que no sepas si lo que quieres está motivado por un interés real de tu parte, o si es influenciado por la aceptación de otros.
El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.
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